El varamiento y muerte de esta ballena jorobada en Chiloé es una señal de alerta.
Las crecientes presiones sobre los ecosistemas marinos —como el tráfico marítimo y el enmallamiento en artes de pesca— están impactando a especies clave en zonas de alto valor ecológico, como el Golfo Corcovado.
Este contexto nos invita a reflexionar sobre cómo convivimos con el mar.
Avanzar hacia una convivencia armónica entre producción y biodiversidad requiere acciones concretas y coordinadas. En este desafío, la pesca, junto con el transporte marítimo, cumplen un rol fundamental.
Reducir la velocidad en zonas sensibles, mejorar la planificación de rutas, fortalecer prácticas de pesca responsables y promover el monitoreo oportuno son pasos necesarios para disminuir riesgos.
Proteger a las ballenas es también resguardar la salud de los ecosistemas de los que todos dependemos.
El mar nos conecta. Cuidarlo es una tarea compartida.




